viernes, 8 de septiembre de 2017

Un bolsillo



Es en ese momento, cuando buscaste y rasgaste a arañazos el fondo del bolsillo, que te das cuenta - sin pestañear ni emitir una palabra - que te quedaste sin nada..
De aquellos tiempos inflados a reventar, las manos entraban y salían casi compulsivamente: había una necesidad de reparar, suplir las carencias de otros tiempos..
No eran instantes de elucubraciones ni pensamientos muy coherentes..Nada que ver..
Enfrente estaba el objeto deseado, y todos sabemos que cuando aparece el deseo, se agolpan los impulsos más bellos..Aflora lo mejor de nosotros porque queremos ser mejores personas ante el ser deseado..
No éramos malas personas, al contrario..Desde la infancia la nutrición también contenía los sentimientos fundantes nobles y generosos..
Pero viste como es ésto..Uno quiere dar hasta lo que no tiene en afán de ver en ese rostro la mejores sonrisas..
Tarde se comprende que la ceguera del deseo sepulta toda duda razonable: cualquier atisbo de razón..Esos pensamientos sabios que indican el ida y vuelta..El puente por el cual no solo junta a las personas en el medio, sino que una cruza a la orilla del otra formando una senda que nutre y retroalimenta los sentimientos.. Ir y venir, cruzar y cruzar..Empatía sin asimetrías..
Los bolsillos casi deshechos son portavoz de la cruda realidad..Ahora vacíos, desgastados por el roce frenético del tiempo, llevan tácitamente el mensaje racional que otrora, obstruyó el deseo..
Nunca fue metal lo que los llenaba..Nunca fue metal lo que entregabas..Nunca..

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