lunes, 26 de junio de 2017

Juana Manso, primera maestra y feminista: honor y gratitud..

26 de Junio, 198 aniversario nacimiento Juana Manso, primera maestra y feminista: honor y gratitud..Sarmiento la llenó de gloria..


Juana Manso, primer maestra argentina

Joseph Goebbels


Un 25 de Junio nacía Enrique Pichon-Riviére

Enrique Pichon-Rivière, nació un 25 de junio..No solo trajo el psicoanálisis a la Argentina, sino que sentó las bases y diseñó la Psicología Social, por eso hoy se conmemora el día de esta profesión.. Un abrazo fraterno, "planificando la esperanza" como dijo el Maestro, a todxs aquellxs que cumplen el rol decentemente sin bastardear los nobles postulados de quien hoy recordamos con cariño y profundo respeto..

No este final

Nunca quise concluir, 
nada hiciste para evitarlo..
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El Grito del Silencio - Sábado 24 de Junio de 2017

¿Quién será la próxima mamá de tu alumnx víctima de femicidio? - Hablamos con Sonia Manzini y el robo de niñxs en Junín, San Martín de los Andes y Aluminé en la dictadura - Entrevistamos a la psiconalista Luisa Kremer: la depresión, el padecimiento, los límites y los hijxs deseados o no - 
Desde Cutral Có, Provincia del Neuquén, para todo el país y el mundo..Idea (algunas), producción integral, música, entrevistas, atención de casos desahuciados y emergentes con problemas pulsionales, desbloqueos de represiones castradoras y conducción general: Antonio Tony Miglianelli.

El Grito del Silencio - Sábado 17 de Junio de 2017

PRIMER PROGRAMA DESDE LA ROCA FM - 99.9 CUTRAL CÓ
Entrevistamos a uno de los íconos del abolicionismo de la cultura represiva, el Abogado Maxi Postay, líder del grupo Locos, Tumberos,Faloperos: eliminación de las cárceles y todo el aparato juríridico-penal represivo - Hablamos con Adriana Bascuñán Fajardo, Psicóloga Social, trabaja con la otra franja: los violentos y su forma de expresarse que son los golpes y el maltrato-
Desde Cutral Có, Provincia del Neuquén, para todo el país y el mundo..Idea (algunas), producción integral, música, entrevistas, atención de casos desahuciados y emergentes con problemas pulsionales, desbloqueos de represiones castradoras y conducción general: Antonio Tony Miglianelli


Un chip subcutáneo a violentos con aviso a la potencial víctima

Tanto el botón antipánico como la orden de restricción no sirven como prevención para la potencial víctima y los hechos lo corroboran.. Instalar en el hombre violento, con antecedentes de hechos graves hacia su pareja, ex-pareja, un chip subcutáneo, imposible de extirpar ya que de intentarlo, daría una señal automática a las fuerzas policiales..
Este chip daría una alarma de aproximación a menos de 300 metros -como mínimo- a la potencial víctima y en simultáneo a sus allegados y a las centrales policiales que darían aviso a los móviles zonales..


Un chip subcutáneo a violentos con aviso a la potencial víctima

Los impunes que nos rodean

La impunidad se mantiene con la cómplice ausencia de límites...
Cuando el impune siente que lo es, profundiza su impunidad descaradamente..

LA MALDITA CULPA CON LXS HIJOS:

Si soy amigx de mi hijx no puedo poner un límite..A lxs amigxs se los toma como son; a lxs hijxs se los educa para que sean buenas personas..A lxs hijxs no se les dice chau, no va más como a lxs amigxs si es que dejan de serlo..A lxs hijxs se los contiene in eternum a la vez que se les marca el camino correcto..
Más todo tiene un límite.Se disculpan pavadas, se perdonan groserías, pero hay un punto de inflexión, una encrucijada de la que no hay retorno: la traición a los sentimientos, a la confianza: de ahí no hay vuelta atrás, porque cuando de sentimientos y confianza hablamos, no hay límite, como el amor..No se es un poco deshonesto o un chiquitín infiel..
Al amar unx se entrega sin reservas: no se ama un poquito a lxs hijxs..
Quizás ahí radica lo maravilloso de sentir esa sensación única..Posiblemente el dolor por amor sea condición indispensable como el símbolo del Tao..
No se está preparadx para la traición, sobre todo de quienes son depositarios de nuestra esencia..
Hay una concepción patriarcal que sentencia a las mujeres: las madres perdonan todo..Quizás ese mandato obedezca a que se sienten culpables de los errores de sus hijxs..Lo concreto es que esa culpa hace más daño que reparar..
La culpa que siente una madre si alguien de los suyos nace con alguna malformación o discapacidad..Culpa si se divorcia aunque haya estado con una basura de tipo..La culpa solo genera condescendencia y abre la puerta para que abusen de ella..De ahí a la sobre protección hay solo un paso..Hijxs sobre protegidos se transforman no solo en pequeñxs tiranxs, sin capacidad empática, egoístas y manipuladores..Y mejor ni hablar cuando el dolor se transforma en una patología llamada padecimiento, solo fabricado por nuestra mente.
Hoy la subjetividad individual tiene formato abrevado en la sociedad de consumo..No todo lo que le pasa a lxs hijxs fue gestado por sus ovarios.. Alimentos, ambiente, medicamentos,herencia genética, tienen mucha injerencia en su calidad de vida.
Cierto que el hogar es clave en las matrices fundantes:, pero subestimar la cultura configura un grave desconocimiento..
Hace muchos años leí un escrito que decía.."por favor no me digas siempre que si; un No significa que te importo"..

Te voy a contar quien será la próxima mamá asesinada de un/una alumnx tuyx

Me da pena realmente tener que apelar a un estilo de periodismo que no es el mío, porque pareciera que la persuasión no tiene la suficiente fuerza que debería, máxime, cuando de solidaridad de género se trata..No quiero quedarme con la sensación que solamente los grupos de mujeres organizadas y feministas se encargan - por decirlo así - de la defensa y lucha contra la violencia machista..
Tras 25 años de trabajar con docentes, no digo que me las se todas, pero alguna experiencia me ha quedado; sobre todo, que el proceso de convivencia no termina, es más: se profundiza al estar inmerso en un ambiente familiar de mujeres maestras y en vías de serlo..
Al momento de escribir esto, tengo sensaciones encontradas: por un lado me llena de alegría que Carolina Píparo, las madres y padres de la tragedia de 11, el NiUnaMenos, lograron tras años de lucha, que se sancionara la ley de víctimas que brinda asesoramiento legal y psicológico a familiares que padecen estos delitos.. “Una de las novedades del programa para proteger a las víctimas es que crea centros de protección a las víctimas de delitos, y la presunción de éstos, los cuales deberán permanecer abiertos las 24 horas y otorgar asesoramiento en forma inmediata tanto legal como psicológico..La otra es la creación del Defensor Público de la Víctima que tendrá que ser designado por cada provincia y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, y el establecimiento de una red de letrados de la Defensoría General de la Nación que actuarán como defensores coadyuvantes; por el otro mucha bronca porque tuvieron que pasar cientos de muertos desde el ataque a Carolina Píparo para sancionar la ley..¿Quiénes en el Congreso se hace cargo de tanta demora?
Lo que voy a relatar está basado en hechos y circunstancias reales hoy, ahora, que atañe a una mamá muy joven vinculada a un establecimiento educativo de esta ciudad.. Lo real y concreto es que su ex pareja la quiere matar y no va a parar hasta lograrlo, pese a la orden perimetral, no obstante contar con custodia policial..
Tenía 14 años cuando lo conoció, fue el primero en todo el sentido de la palabra..Hoy en la distancia ella misma comprende que fue una violación, pero que para su edad, junto con los golpes, -porque el fue siempre golpeador-, formaba parte de un grupo de valores “normales”,que seguramente habrá mamado en su casa pero de eso no hace mención alguna.
Así como vemos a diario que surgen los avisos: “se busca”, ella también huyó de su hogar a esa corta de edad..No pasó mucho tiempo hasta que el primer embarazo le fue cambiando la vida, porque fueron dos o tres los que perdió por aborto tras recibir las golpizas que casi siempre le propinaba a su panza..“Menos mal que aborté: vaya a saber qué hubiese parido con tantos golpes” me contó..
“No se cuántas veces apretó el gatillo pero las balas no salieron” recuerda aún el hecho cuando el tipo el mes pasado la quiso matar delante de la hija de ambos en la puerta del establecimiento educativo..Hoy está libre.
Hace siete años que vive en un infierno, prosigue..No solo me persigue a todos lados, sino que además, si estoy tomando un café con alguna amiga, llama a la policía para denunciarme por abandono de hogar y deberes de madre..
Ella no sabía que podía pedir un botón anti pánico, aunque en realidad, de poco sirve cuando el tipo atraviesa las perimetral y lo tiene encima, o lo que es peor, la señal no es recibida por interferencias edilicias, etc.
Ella es la próxima víctima de femicidio..Vos que sos docente tenés niñxs judicializados, órdenes de restricción para que el padre no se acerque al establecimiento..Vos a diario conocés más de un caso, ya sea porque te toca entre tus alumnxs o es comentario obligado en las reuniones de personal, etc..Vos seguís el protocolo que estableció el Consejo de Educación para los casos de sospecha de abuso o maltrato o inconcurrencia a clases de tus alumnxs..
Vos, pasando la puerta de salida no podés hacer nada legalmente, pero mucho podrías siendo un eslabón más en la cadena que estamos construyendo bajo un encuadre ético, como lo pensaban los filósofos Griegos; ética: hacer el bien a los demás..No te confundas con la moral, aunque las usan indistintamente, no son lo mismo..La moral es una construcción cultural de normas “de buena conducta” por llamarla así diseñadas por hombres para reprimir y poner coto a las pulsiones del individuo, sean de vida o de muerte..
Hoy no se habla mucho de ética, se usa mucho el término “empatía”, que no está mal (usando un término netamente moral: bien-mal son juicios de valor moralista represivos)..Pero ética en el sentido Aristotélico, Socrático, va más allá, porque empatía podría aplicarse a tener en cuenta al semejante: ética es hacer el bien al semejante, aún sin conocerlo..
Por eso te convoco fundamentalmente a vos docente, profesora, mujeres que son amplia mayoría en jardines, escuelas y colegios, a ser éticas con vuestras madres de alumnxs..El femicidio está por encima de todas las opiniones descalificadoras que se tienen..Que nadie se haga la sorprendida; he sido y soy oreja de vuestras quejas acerca de fulana o sultana, la madre o el padre de fulanito o menganita, y eso no quita que tengan razón, como del mismo modo opinan algunxs de ustedes:..” y con la maestra que tiene”, y bien que lo saben: será por eso que esto forme parte del abismo entre la casa y la escuela..
Pero no importa, ustedes como responsables de la instrucción de esxs niñxs, tienen un deber ético dando el ejemplo ético de solidaridad para con vuestras madres vulnerables..Saben muy bien que no pueden denunciar a los tipos cuando estas mujeres, a veces queriendo disimular con un par de lentes, llegan con un ojo morado, o pasa una semana y viene la tía o la abuela a dejar a lxs chiquitos porque esa madre sufrió una golpiza terrible..
No es este el momento de discutir por qué no se alejan de esos tipos antes que la maten..Miren mujeres, (y muchas de ustedes que sufren de violencia intrafamiliar lo viven en carne propia), no es fácil romper ese círculo patológico de goce y padecimiento, mucho más cuando esas pobres jóvenes madres - muchas lo son - dependen económicamente de sus maltratadores..
Es tiempo de elevarnos por sobre nuestros egoísmos y pequeños espacios de poder, sobre todo, porque - y ojalá nunca les suceda - mañana puede pasarle a ustedes..
Hasta ahora, cuando el tipo quiere hacer daño o matar, ni la perimetral o el botón anti pánico lo frenan, y está demostrado..¿Por qué no probar con esta propuesta de colocar un chip subcutáneo a los tipos judicializados que pueda advertir a la víctima, en simultaneo a sus allegados y comando policial que el sujeto se está aproximando a menos de trescientos metros?
No yo, sino esas mujeres, , tus alumnxs y tu propia familia te lo agradecerá eternamente..
Firmá la petición: apretá en el enlace o copialo en tu buscador.. https://www.change.org/p/poder-judi...

Polémico acto el día de la bandera

En la escuela 350 de Añelo prometen (no es jura), lealtad a la bandera....Ups, disculpen: a las banderas porque Belgrano era ejemplo de interculturalidad (?)..La información señala que desde la escuela.."se busca fomentar la inclusión y hacer participes a los estudiantes que no son nacidos en la Argentina"..
Me confunde un poco el objetivo..Desde una visión universalista me encanta, es más: habría que eliminar todas las banderas y levantar solo el símbolo de la tierra..La Argentina y mucho más Neuquén, se ha construido con el aporte cultural y laboral de la migración extranjera..Además Neuquén, tiene la mayor población Chilena de todo el país, sin olvidar las más de 40 agrupaciones Mapuches preexistentes a la creación de la provincia como tal..
Ahora bien, me pregunto, ¿si hubiese una colonia yanqui o inglesa, también se pondrían las banderas para prometer lealtad?..Habría que preguntarle a los casi 140 ex combatientes de Malvinas residentes en Neuquén,que opinan al respecto; a la familia del soldado Jorge Aguila, muerto en combate..
Lo concreto es que la mirada universalista no existe, muy a mi pesar; que querer ser más papistas que el Papa no lleva a buen puerto, que una cosa es Belgrano y otra O'Higgins, Sucre, Bolívar y hasta el mismo Toki Leftraru..
Esto ocurre porque nuestro país no es expulsor sino receptor de grandes migraciones..En otros países estos temas ni siquiera se abordarían, como tampoco permitirían el ejemplo de Añelo...
Adhiero sin duda alguna a la mezcla de razas, eso me encanta y apasiona; mi concepción de humanidad es única; pero hay que tener cuidado con forzar las cosas..
Hay mucha gente en Neuquén que detesta a los Chilenos y a los Mapuches, no es novedad y curiosamente no observo la misma actitud hacia la comunidad Boliviana, por citar una, o la China, Paraguaya, Africana..
La guerra de Malvinas abrió una brecha profunda con el pueblo Chileno, incluso los cánticos en el estadio Nacional de Santiago en la Copa América.."argentinos, cagones, perdieron las Malvinas", no ayudó en nada a ir cerrándola..
Otro tanto pasa con el pueblo Mapuche: ellos nos miran como los blancos que les quitaron las tierras, y aún hoy, desde este lado de la cordillera se los desprecia aludiendo que eran originalmente un pueblo proveniente de Chile que avasalló e hizo desaparecer a los Tehuelches-Patagones..
No podemos ser hipócritas, ese encono y la xenofobia atraviesa todas las capas sociales..
Por eso, hay que ser cuidadosos en las acciones..Más allá que haya argumentos como he leído sobre la Ley de Educación de Neuquén Nº 2945, señale el respeto a los pueblos originarios, una identidad abierta a los pueblos latinoamericanos, la perspectiva intercultural que están incluso en la formación docente, hay que ir despacio porque todo lo impuesto, sobre todo en lo que a sentimientos se trata, se puede obtener el resultado adverso..


Polémico acto de promesa la bandera con muchas banderas

Campora y yo

Entrevistando al Presidente Héctor Cámpora en Bs.As..¡¡Menos mal que está muerto!! Si supiera quienes usan su apellido..!!!!!

Spinner fallado


Día de la Bandera

Te amamos Belgrano, gracias por el feriado de mañana dicen en las escuelas cantando Aurora..

Lo que el hijo piensa del padre


Papá si, amigo no


Soy papá de la más bella hija, 
si soy su amigo la dejo huérfana..

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jueves, 15 de junio de 2017

¿Y ahora qué?

He pedido hace años lo del chip subcutáneo a tipos violentos, con causas judiciales, perimetrales, etc...Hoy lo hice formal a través de una solicitud al Poder Judicial de la Nación...

Algunxs amigxs directos lo han recibido y ni siquiera han emitido opinión...Algunxs amigxs del facebook a los que nunca he visto han firmado...Alguna que otra persona trasnochada, que tiene en común, amigxs míos, me salió diciendo que no aceptaba algo de “desconocidos”...

Diariamente solicito a personas que no conozco, fundamentalmente mujeres que de una manera u otra tienen conmigo conocidos en común, que firmen la petición...Ni me interesa su ideología, clase social o grado de ilustración: el femicidio no tiene códigos a respetar..

A quienes todavía no han firmado aludiendo razonables dudas acerca que puede estigmatizarse a los tipos, o que si la víctima sabe que su agresor se aproxima, le puede avisar a una patota para que lo esperen agazapados y lo muelan a palos, o que estas organizaciones son agentes infiltrados de los servicios para “marcarte”, o que en el fuero interno piensan quién es este que no perteneciendo a ninguna organización feminista se arroga el derecho de peticionar en nombre de las mujeres, o por ser varón, o que se puede propiciar la ley de la jungla, o que la perimetral funciona, o que son estrellas intelectuales muy narcisas para avalar con su firma algo ajeno a su ideología , o que muchas mujeres piden la liberación de los tipos tras haber sido molidas a palos por esas cosas locas de la mente que juega con el goce, el placer y el dolor en esos círculos patológicos de víctima y victimario, o que no se condice con sus posturas progres, etc..etc...Les respondo: me importa un carajo lo que pueda pasarle al victimario si evitamos que una mujer muera. Primero la vida, luego vemos qué se hace con el victimario.

Amigos abolicionistas a los que en el fondo me sumo en lo conceptual, reconocen que hay que tener un programa de acción para la transición con la política carcelaria...A eso me estoy refiriendo.

Lo concreto es que a todxs aquellxs que no se suman a la campaña, no solo por las razones antes señaladas, sino que argumentan es necesario cambiar las reglas de juego, apostar a la educación, al pleno empleo, a la justicia social, la eliminación de clases, vivienda para todos, arriba los de abajo, ruptura de las estructuras de dominación y el machismo, que el salario no sea ganancia, desaparición de las villas, agua potable, cloacas, rutas, flota mercante, fabricación nacional de buques, trenes y autos, no más vacas por aviones, revocación de mandatos, eliminación de subsidios a las escuelas privadas, alimentación saludable, etc..etc. cosa que yo también deseo, van a pasar décadas si es que se logran por la calidad moral y ética existente hoy en nuestra sociedad.

Desde la psicología social uno aprende que no se pueden resolver todos los conflictos a la vez; hay que tomar digamos un raviol de la realidad para operar allí: este es uno, concreto y conciso.

Porque mientras mis allegados se develan en argumentaciones y fundamentos, al finalizar de leer esta nota habrá otra mujer víctima de femicidio...

Quizás la vida me ha hecho pragmático, me bajaron de un hondazo el idealismo y hoy voy a lo concreto: de un femicidio cada 30 horas se redujo a 24, y si la exclusión social se profundiza, mayor será la violencia y esto llevo diciéndolo hace por lo menos 10 años.

Finalmente, me arrogo el derecho de señalar con el dedo a quienes critican sin proponer acciones concretasen vez de argumentar el consabido: “es un proceso que va a llevar años”, manteniendo el status quo de este escenario regado de sangre de inocentes.
Sobre todo a los tipos que pontifican argumentos del derecho con un machismo disimulado, y a las mujeres poco solidarias de género aún en organizaciones de género.

Sobre todo a los tipos que pontifican argumentos del derecho con un machismo disimulado, y a las mujeres poco solidarias de género aún en organizaciones de género, me tienen las que ya saben en el piso







viernes, 9 de junio de 2017



Hoy 7 día del periodista ATE y ATEN hacen paro para venir a saludarnos..¡¡Qué dulces!!

Un chip subcutáneo a violentos con aviso a la potencial víctima

Tanto el botón antipánico como la orden de restricción no sirven como prevención para la potencial víctima y los hechos lo corroboran.. 
Instalar en el hombre violento, con antecedentes de hechos graves hacia su pareja, ex-pareja, un chip subcutáneo, imposible de extirpar ya que de intentarlo, daría una señal automática a las fuerzas policiales..
Este chip daría una alarma de aproximación a menos de 300 metros -como mínimo- a la potencial víctima y en simultaneo a las centrales policiales que darían aviso a los móviles zonales..
Firmá la petición en el enlace abajo..Gracias

Un chip subcutáneo a violentos con aviso a la potencial víctima
¡Ni uno más! Hay que cerrar la fábrica de machistas..¿Quién le pone el cascabel al gato?ato?as..¿Quién le pone el cascabel al gato?¡Ni uno más! Hay que cerrar la fábrica de machistas..¿Quién le pone el cascabel al gato?
3 de junio de 2017
NiUnaMenos sale hoy..Van varias marchas.¿Sirve? Todo aumentó en vez de bajar.

El caso Centurión

Viernes 2 de Junio de 2017
Se ha desatado una polémica alrededor del jugador de Boca motivada por la denuncia de su ex pareja que lo acusa de violento y golpeador...
Pero la controversia no es por la violencia de género, sino que si su conducta en la vida privada, amerita suspender su carrera deportiva: dejar de ser al menos jugador de esa institución.
Lo llamativo es que este tema se está debatiendo fundamentalmente a nivel de programas deportivos...Se agregó el día de hoy el diario La Mañana con una encuesta donde consulta a los lectores si el técnico de Boca, Barros Schelotto debe volver a poner a Centurión en el equipo.
Como se trata de un tema sensible que está flor de piel en la sociedad, hay que ser muy cuidadoso con las apreciaciones que se puedan verter –sobre todo – si es para un solo lado...
Una parte de los opinantes, señala que los actos privados de las personas nada tienen que ver con su pública actividad deportiva: a lo sumo, será el club que lo sancione si esa vida privada –llámese excesos nocturnos, alcohol, etc. – influye en su performance dentro del equipo...
Otra, dice que Boca y sobre todo su técnico, deben revocarle el contrato o declinar la opción de compra al final del campeonato, porque no es compatible la personalidad de Centurión con la moral y las buenas costumbres de la institución...
Pienso que en un país tan careta y con doble moral, de aplicarse estos parámetros, muchos quedarían sin trabajo, ¿acaso Federico Bal, Federico Luppi, Hernán Caire, Mariano Closs, son una excepción?..
Una vez no hace mucho, una profesional de la salud y especialista en violencia, me dijo...”es su forma de expresarse: el grito, el insulto y el golpe son el lenguaje del golpeador: generalmente son los modos con que se crió y lo reproduce”...
La mayoría de los jugadores de futbol provienen de hogares muy humildes, con muchas carencias...Lo dijo más de una vez Maradona hablando en primera persona...El hambre y la exclusión son el mejor caldo de cultivo donde el patriarcado y el machismo abrevan..Sin estigmatizar a los pobres, puesto que la violencia de género atraviesa todas las clases sociales, salvo que algunas, no tienen prensa...
Alejandro Caravario, periodista, escritor, uno de los fundadores del Diario Olé escribió sobre Centurión...“De pasado marginal, curtido en la necesidad, se volvió de pronto un hombre famoso y adinerado al que le explotó la cabeza. Un hombre que sobrelleva el esplendor a duras penas. Y que parece encaminarse a la autodestrucción. Nadie podrá negar que ha enviado sobradas señales al respecto”.
A esta altura cabe la pregunta inexorable: qué certeza tenemos sobre el resto de los jugadores de Boca, o los periodistas defensores de la “moral y las buenas costumbres”...
Que no trasciendan hechos violentos de sus vidas privadas, no implica no existan... ¿Acaso todas las mujeres del mundillo futbolístico salen a los medios acusando ser víctimas de maltrato? ¿Alguien pone en duda esa terrible realidad por la que atraviesan miles de mujeres y que pueden soportar toda una vida de agresiones físicas y psicológicas sin que trascienda fuera de sus casas? ¿Desconocemos ese proceso psíquico que invalida a la mujer para frenar la violencia machista a tiempo?
Cuidado a no confundir mis argumentos con cualquier parecido a justificar el maltrato...Nada más alejado de la realidad...Solo describo situaciones que ocurren a diario sobre todo en un deporte donde la mayoría de sus miembros provienen de hogares donde el patriarcado y el machismo es regla general.
Dejo para el final una pregunta complicada...¿Dada una hipotética situación donde la vida de un hijo pende de un hilo, y el único cirujano que realiza la riesgosa operación es Josef Mengele, lo convocarías?

La culpa es de nuestra generación

Jorge Fernández Díaz
Mañana, 29 de mayo, voy a cumplir 60 años. Me insisten en que no es grave, que los 60 son los nuevos 40 o 25 o 37 y medio, pero lo cierto es que a menudo se sienten —y se viven— como los viejos 60.
Mañana voy a cumplir 60 años y me llena de sorpresa, esa perplejidad que te causa saber que ya lo has hecho: que todavía podrás introducir algún detalle pero lo grueso es lo que hiciste.
Envejecer es descubrir que ya no serás otro.
Hay algo raro, perentorio en la palabra cumplir, que también me incomoda. No me parece que haya cumplido mucho.
Pero no se trata, aquí y ahora, de mí y yo mismo y mi persona; lo que me molesta es que no me parece que nosotros hayamos cumplido casi nada.
Digo nosotros porque digo yo; digo yo porque digo nosotros: argentinos, sesentones argentinos, mis coetáneos, mis compañeros de generación, los míos.
Quizá ya sea la hora de preguntarnos cómo, cuándo, quizá, incluso qué y por qué: es hora, en síntesis, de ir haciéndonos cargo.
***
Es difícil definir una generación, caprichoso, impreciso. Digamos, entonces, por decir: los que nacieron un poco antes y después que yo, los que tuvimos 20 años en la Argentina de los años sesenta y setenta.
El general Perón hablaba, entonces, de “esta juventud maravillosa” y, ahora, es fácil pensar que todos éramos jóvenes inquietos, preocupados por los destinos de la patria, dispuestos a vivir —y a morir— para ella.
Se instaló un mito: si digo mi generación muchos piensan en militancia y muertos y desapariciones y torturas. Los hubo, pero hubo tantos más que no hicieron nada de eso.
Los que gobiernan ahora, sin ir más lejos, son parte de mi generación y no hicieron nada de eso.
En esos días estaban —Mauricio Macri, Daniel Scioli, Cristina Fernández, Elisa Carrió y demás promujeres y prohombres— preparándose para ganar más plata.
Y millones miraban sin saber qué decir o gritaban goles de Kempes o tarareaban canciones de Spinetta.
Los que sí decidimos hacer esas cosas tuvimos —tenemos— un lugar excesivo cuando se habla de mi generación.
Es cierto que la historia no se escribe con los miles y miles que el 25 de mayo de 1810 se quedaron en sus casas sino con los doscientos o trescientos que se reunieron en la Plaza.
¿Los que definen una generación son los pocos que actúan, no los muchos que no? Es probable, y es fácil para todos los demás. En cualquier caso, el mito sirve para cosas.
Por ejemplo, un truco fácil: hablar de lo que algunos hicimos en los años setenta es un modo de no hablar de lo que hicimos todos en los cuarenta años siguientes.
***
Y, sin embargo, empiezo por hablar de aquello: fueron años —como todos— raros. Empezamos nuestras vidas en un mundo convulsionado, esperanzado: todo debía cambiar, todo estaba cambiando.
Cualquier muchacho más o menos decente sabía que aquel orden social era injusto y que había otros que debían remplazarlo; la discusión no era si la sociedad debía cambiar; era cómo, por qué medios, hacia dónde.
Se supone que, de formas varias, muchos lo intentamos. Perdimos. Brutalmente perdimos, pero lo intentamos.
Aquella Argentina estaba llena de infamias. La manejaban generales que golpeaban en cuanto detectaban cualquier amenaza al poder de una burguesía rica que poseía sus enormes campos y sus medianas industrias, que explotaba a obreros y peones, que se alineaba con los imperios contra sus colonias, que controlaba la nación y su Estado para su beneficio.
Decidimos, con razones, luchar contra eso. Pero en 1970 uno de cada treinta argentinos estaba “bajo la línea de pobreza” y ahora es uno de cada tres: diez veces más. Y aquella pobreza, solía suponerse, era un estado transitorio hacia una situación mejor, un puesto en una fábrica que permitiera hacerse una casita, mandar a los chicos a la escuela, ganar un poco más, ser mejor explotado, “progresar”.
El mito de la movilidad social seguía imperando. Era un país con una clase media amplia y más o menos educada, que nos desesperaba: un obstáculo para cualquier intento de cambio revolucionario.
Una clase media que se forjaba en la escuela pública pensada como una herramienta para homogeneizar, para implantar ciertas bases comunes; donde aprendíamos todos los que no éramos ni exageradamente ricos ni exageradamente chupacirios ni exageradamente tontos.
La diferencia argentina podía sintetizarse en sus escuelas del Estado: si lo privado siempre fue una característica de las sociedades latinoamericanas, Argentina era el país de lo público.
Ya no. Hace 50 años solo uno de cada diez chicos iba a la escuela privada; ahora, tres de cada diez. Es otro dato decisivo.
***
Algunos quisimos cambiar aquel país, otros no; entre todos lo cambiamos para mal. Somos la generación de la caída.
Ahora, 50 años después, ese tercio pobre de la población se ha congelado: vive en algún margen, en viviendas precarias, con empleos ilegales o sin ningún empleo, dependiente del Estado y sus limosnas, completamente afuera y sin expectativas de volver: a la intemperie. No tienen futuro. Y los demás, en general, tampoco creen en eso.
Hace 50 años el producto bruto per cápita argentino era la mitad del de Estados Unidos; ahora es menos de un cuarto. Hace 50 años un 10 por ciento de inflación era un peligro; ahora sería un logro extraordinario.
Que nunca conseguimos. Hace 50 años la Argentina tenía 40.000 kilómetros de vías férreas que armaban un país; ahora no tiene 4000 y la mayoría no funciona.
Hace 50 años la Argentina se autoabastecía en petróleo, gas y electricidad; ahora se endeuda para importarlos.
Hace 50 años la Argentina fabricaba aviones y coches de diseño propio; ahora desequilibra su balanza de pagos para comprar autopartes y juntarlas.
Hace 50 años los hospitales públicos atendían a la mayoría de la población; ahora solo atienden a los que no tienen más remedio.
Hace 50 años se jugaban partidos de fútbol y las hinchadas se gritaban cosas; ahora, en cambio, poner dos hinchadas en la misma cancha es peligroso. Hace 50 años no hablábamos de inseguridad; ahora hablamos poco de otras cosas.
Hace 50 años los crímenes eran tan escasos que salían en los diarios; ahora son tantos que salen en los diarios.
Hace 50 años los políticos argentinos eran personajes incapaces de alinear un cuarto de idea detrás de otro cuarto; ahora también.
Hace 50 años creíamos que la Argentina era el país del futuro; ahora nos preguntamos por qué decíamos esas tonterías.
No son solo los datos; lo brutal es que la vida de cada día se nos ha vuelto cada día más incómoda, más hecha de encontronazos que de encuentros, más disgustos que gustos, más impaciencia e impotencia que alegrías y satisfacciones. Y conseguimos un raro grado de violencia cotidiana.
No en los asaltos, no en las palizas; en las relaciones entre las personas, llenas de malos tratos, de insultos, de odios, de rencores.
Parece tonto dicho así, pero en el mundo hay lugares donde las personas en la calle se sonríen, se tratan como si no se detestaran. A nosotros vivir nos parece muy a menudo una batalla. Porque lo convertimos en batalla.
(Hace seis meses una familia de refugiados de Alepo, la ciudad siria destruida por la guerra, llegó a Córdoba, la segunda ciudad argentina. Eran cuatro: un padre lisiado, la esposa, sus dos hijas. Les habían prometido alojamiento, ayudas, algún trabajo, y no. Todo les resultaba caro, tan difícil; después los asaltaron. Hace unos días se volvieron a Alepo: “Allí tiran bombas y esas cosas, pero no hay tanta inseguridad y la vida es mucho más barata”, dijo el pater familias sirio).
Es obvio que la Argentina no cumplió con su promesa y se arruinó hasta un grado que nadie supo imaginar. Lo sabemos. Lo que no queremos saber es que fuimos nosotros.
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Cristina Fernández, expresidenta, dijo, hace unos días, en Bruselas, que su partido perdió las elecciones porque “ahora la sociedad no está capacitada para leer lo que pasa detrás de las noticias; a los de nuestra generación nos decían algo y sabíamos distinguir lo que había detrás de lo que nos decían y lo que estaba pasando, porque estábamos instruidos intelectualmente”.

Nuestra generación —la suya, la mía, la tan instruida— hizo esta Argentina. Y todavía algunos de sus miembros tienen la desvergüenza de suponer culpas ajenas.

Siempre es fácil echar culpas a los otros; siempre es difícil encontrar las propias. Pero si algo puede servir para algo es buscarlas: tratar de pensar cómo y por qué la Argentina actual es nuestra culpa.
Saber qué hicimos para llegar a esto es el primer movimiento —ineludible— para tratar de llegar a otra cosa. Yo no lo sé, pero sospecho algunas pistas.
Está, para empezar, la excusa heroica: aquellas muertes. Nos asesinaron a varios miles y nos hemos consolado pensando que el problema es que “mataron a los mejores”.
Que quedamos los peores pero la culpa no es nuestra, sino de aquellos asesinos. Ni los mejores ni los peores: murieron los que tuvieron más insistencia, menos suerte, más coherencia, menos imaginación, más valor, menos cuidado; los que estaban en el lugar preciso en el momento justo, los que no estaban en el lugar preciso en el momento justo. Nos mataron a muchos y fue una tragedia.
Pero el problema central no fue la falta de los que mataron; fue, más que nada, el efecto que produjeron esas muertes en los vivos.
Fueron pedagógicas: nos demostraron que “ser realistas y buscar lo imposible” podía ser tan costoso que después preferimos no arriesgar y aceptar lo posible. Que siempre era un desastre.
Tratamos de acomodarnos: nos gustó cada imbécil que nos dijo un versito, los fuimos eligiendo. Dos o tres frases apropiadas, una sonrisa turbia, y caíamos en las fauces de bobos que, pocos años después, odiábamos con saña.
Los odiábamos, supongo, porque nos odiábamos por haberlos amado, con perdón.
Y nunca quisimos o supimos, en estos 40 años, armar las condiciones para proponerle al país que discuta qué quiere ser, cómo quiere ser, qué se imagina para conseguirlo.
Así que la Argentina volvió a ser ese granero que había intentado dejar atrás un siglo, cuando algunos pensaron que no alcanzaba con exportar carne y trigo y decidieron impulsar industrias; ahora, soja mediante, somos de nuevo un campo grande y festejamos que sí podremos vender unos limones.
Esa reconversión —esta vuelta atrás— es la decisión más importante que se tomó en todos estos años, y no la discutimos nunca, nunca la decidimos. Total, teníamos democracia.
Sin ideas, sin debate, sin futuros, la Argentina, en nuestros años, se volvió un país reaccionario: un país donde cada gobierno hace tantos desastres que el siguiente asume para deshacerlos.
El gobierno de Alfonsín llegó para deshacer el entramado asesino de la dictadura; el gobierno de Menem, para deshacer el caos económico de la hiperinflación alfonsinista; el gobierno de de la Rúa, para deshacer la corruptela menemista; el gobierno de Kirchner, para deshacer el desastre neoliberal antiestatista menemista-delarruísta; el gobierno de Macri, para deshacer el tinglado corrupto-clientelar del kirchnerismo.
Y seguirán las firmas: el gobierno actual ya está haciendo sus méritos.
Porque el problema empieza cuando se les acaba la reacción: cuando empiezan a aplicar sus propias recetas preparan, con sus desastres, la reacción siguiente.
Un país reaccionario es un país sin proyecto, hecho a manotazos, deshecho a manotazos, un país calesita; el nuestro.
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Somos, más allá de las máscaras políticas, venales. Ávidos somos, afanosos. Nos gustan demasiado ciertos placeres chicos, la tele más grande, el coche más brishoso, el viaje de envidiar.
Y nos subimos a cualquier carro que nos ofrezca esos caramelitos. Ya no nos gusta imaginar a largo plazo, fijarnos metas, buscar.
Quizá porque vimos que cuando buscamos no encontramos, entonces no buscamos, entonces no encontramos, entonces no buscamos.
La cuestión es que nos hemos vuelto un país de protestones sin consecuencia: parece como si nos comiéramos a los niños crudos, como si estuviéramos llenos de sacrosanto honor y orgullo que nos impulsan a rechazar todo lo que no condice con vaya a saber qué. Y nos pasamos la vida aceptando cualquier cosa.
Cada vez más conductas anormales nos parecen normales: nos parece normal que tantos coman poco, que tantos vivan mal, que tantos mueran antes, que la violencia —verbal o física— sea nuestra manera; nos parece normal que nos engañen.
Hace un mes, en una tribuna de fútbol, un muchacho reconoció al señor que, al volante de un coche a toda máquina, había matado a su hermano.
Lo interpeló; el homicida, para sacárselo de encima, gritó que el muchacho era hincha del equipo contrario y se lanzó a pegarle. Se le unieron muchos. Emanuel Balbo trató de escaparse pero no lo consiguió: se cayó, se mató.
Ya muerto, derramado en el suelo, hinchas seguían insultándolo por ser, decían, del equipo contrario. Y alguno le robó las zapatillas.
Y entonces dos o tres dijeron que era intolerable, y todos toleramos. Avanzamos por el camino de la rana: nos metieron en el agua tibia y nos la fueron calentando poco a poco y, con el tiempo, nos acostumbramos a vivir en un país que hierve; o casi hierve, porque tampoco es que haya suficiente gas.
Somos la rana acostumbrada; somos, al fin y al cabo, gente que resopla. (Resoplar, decía el otro, solo sirve si después se sopla. Si no, se queda en el berrinche; y el berrinche es la costumbre más argenta).
Resoplamos y nos armamos un país a imagen del resoplo: un país que se grita cosas para sacarse el malhumor pero que está tan pagado de sí mismo, tan engañado de sí mismo que le pudo creer a aquella presidenta que dijo que tenía menos pobreza que Alemania. Un país que sigue imaginando que tiene un lugar en el mundo.
Un país que trata de no ver lo que es. Nos ayuda, si acaso, ese mérito que no nos abandona: seguimos poniendo caras en la camiseta universal.
Si antes fueron Ernesto Guevara o Eva Perón, después Borges o Maradona, ahora es Jorge Bergoglio: la proporción de personajes globales que produce la Argentina no tiene relación con su papel en la cultura y la economía del mundo.
Aunque ahí hay algo que quizá nos defina: ser grandes de la máscara.
O mejor llamarlo por su nombre: la careta.
Es difícil, por ejemplo, negar que los más exitosos de nuestra generación son esos dos cincuentones que el 90 por ciento de los argentinos votó, hace año y medio, para que nos mandaran.
Es difícil soportar que nuestros jefes sean un señor que no habla cuando habla y otro que miente incluso cuando calla: dos señores de tan pocas luces.
Y que otros estandartes sean un exfutbolista que fue extraordinario y se convirtió en un jubilado triste, y un músico que fue extraordinario y se convirtió en un jubilado triste.
Mauri, Daniel, Diegote, Charly. Máscaras, lo nuestro son las máscaras. Y, cada vez más, los jubilados tristes.
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Somos muy mediocres. O, por lo menos: nuestras acciones públicas son tan mediocres, producen resultados tan mediocres.
En algunos años, algunos libros contarán —si es que hay libros todavía, si es que hay una Argentina todavía— que la nuestra fue la generación más fracasada de la historia del país.
Que fuimos nosotros —no harán diferencias, hablarán de todos nosotros— los que lo llevamos a este punto.
Por supuesto, la generación siguiente puede disputarnos la corona, pero creo que nos reconocerán la importancia de haber hecho camino.
Y nuestra marca: la Argentina donde empezamos a vivir era tanto mejor que esta donde vamos terminando.
Alguno me dirá que es fácil hablar desde lejos, que me calle (en su manera más argenta: “Callate, puto, cerrá el orto”); ya me lo han dicho muchas veces. No sé si es fácil o difícil; sé, sí, que la distancia es condición de muchos.
Y eso no me consuela. Pero es cierto que muchos dejamos la Argentina en estos años: desde los que salimos en el 76 por el terror hasta los que se fueron en 2002 por el desastre.
Muchos aprovechamos que la Argentina es un país reciente —que nuestros padres o abuelos nacieron en otros— para poder decirnos que volvíamos a sus lugares previos.
Yo, en todo caso, me fui obligado —a Francia— en el 76, volví entusiasta en el 83, me volví a ir —a España— en 2013. Esta vez fue distinto: nadie me forzó.
No sé bien por qué me fui: me dije que el mundo era demasiado grande e interesante como para rechazar la tentación de cambiar ángulos, pero sé que también fue porque estaba cansado.
Harto de esa vida de agresión, de choque; harto de un discurso mentiroso que se había apoderado de la discusión, en la que ya había dicho y escrito todo lo que podía decir y escribir; harto, por anticipado, de que la única alternativa a ese discurso falso sería uno en vías de falsificación. Harto de esa conciencia de que no había salida.
Tomé la mía, me escapé. Y también me siento responsable.
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Hemos pasado: vivimos cuarenta, cincuenta años argentinos y no dejamos nada que valga la pena recordar (más que un país en ruinas, su eterna calesita, sus reacciones pobres).
Debe haber logros, pero no logro verlos; vale la pena discutirlo. Es cierto que en algunos aspectos la vida es más libre que hace 50 años.
Pero muchas de esas libertades que no existían entonces —sexuales, sobre todo— llegaron de otras culturas y nos limitamos a adoptarlas, ni siquiera del todo: el aborto, por ejemplo, sigue siendo ilegal gracias a la sumisión de nuestras autoridades al autoritarismo sin autoridad de la iglesia católica.
Y el resto de los cambios viene de técnicas que inventan los estadounidenses y los chinos fabrican.
Nosotros, mientras, la cagamos; es tan fácil saber que la cagamos. ¿Y qué se puede hacer cuando queda tan claro?
¿Mirar para otro lado, buscar a quién echarle culpas, negar todo, disimular o incluso convencernos de que la cosa no es tan grave?
Ninguna de esas reacciones sirve para empezar a arreglar nada. Aunque, quizá, la idea de que los que la cagamos podamos arreglarla es otra forma de escaparnos.
Quizá sea hora de que nos demos por vencidos —por nosotros mismos— y nos retiremos, dejemos el espacio a otros que, probablemente, lo puedan hacer aún peor.
Pero es difícil: nadie se retira a los 60, a los nuevos 40 o 25 o 37 y medio.
¿Entonces? ¿Decidir que vamos a ser distintos, como se deciden cosas el día de fin de año, el día del cumpleaños? ¿Decidir que quizá no podamos ser distintos pero sí actuar distinto, buscar otras maneras?
¿Decidir que vale la pena dejar de lado estupideces y fanfarrias y hacerse cargo del desastre, sabiendo que construimos con barro, sabiendo que no se puede construir con barro si uno pretende que es cemento?
¿Aceptar que ya perdimos nuestra oportunidad, que si acaso, en esa construcción, ya serán otros los que lleven el ritmo, los que manden, pero aun así valdría la pena colaborar en lo posible?
¿Aceptar que deberíamos ayudar en una búsqueda cuyos resultados, si los hay, nunca vamos a ver?
Hay un país, lo reventamos. Negarlo es la manera más segura de seguir haciéndolo. Un país, pese a todo. Quizá valga la pena discutirlo, resignarse a pensarlo: reinventarlo.
Artículo extraído del diario The New York Times – Por Martín Caparrós