Amigxs míos:
Termina 2017, un año que me atravesó con distintos sentimientos..Debo confesar que la he pasado muy mal en lo afectivo y laboral..No es una infidencia para los que me conocen pero seguramente sorpresivo para con quienes mantengo relaciones a través de las redes sociales.
Afortunadamente en lo familiar fue todo lo contrario; tanto mi hija como los nietos siguen avanzando en sus estudios, aunque en algunos casos, inmersos ellos por “la tragedia educativa” al menos en Neuquén, con un promedio de solo 90 días de clases en muchos establecimientos escolares. Todo esto en el contexto de lo que denomina Jürgen Klaric: Un crimen llamado educación.
Uno sueña y trata de aplicar esos sueños a la realidad; se esfuerza, toma coraje, se embadurna de tolerancia; todo en eras del resultado final que siempre anhela sea triunfante..Más no siempre se logra, y es ahí que aparece la decepción de la mano con la tristeza. Absurdo es negarlo: alejarme de dos medios periodísticos radiales – que es mi pasión – por considerar que el trabajo debe ser acompañado por la remuneración acorde a lo que uno vale y al producto que ofrece..Son bellas las palabras como mieles al oír los elogios; no obstante deben ser inseparables de la gratificación económica: uno ya es grande y decide cuándo trabaja gratis o no.
Tristeza del corazón y las entrañas al ver que las ilusiones se diluyen como gotas en el mar de la soledad irreversible..Mazazo de realidad casi pragmática a esa parte narcisista que te da ínfulas para afrontar y resolver lo que se cruce; asombro de ver y sentir que factores externos tienen el poder de destruir los sueños más hermosos.
Pero los desconocidos vericuetos de la vida te llevan sin proponérselo a caminos insospechados donde por extraños hilos manejados por un titiritero anónimo, te dirige a horizontes –algunos sepultados por el tiempo – y otros francamente gratificantes.
Estos últimos tres meses del año fueron francamente bellos: pude editar mi primer libro, conocer hermosas personas que contribuyeron a ello dándome su cariño impecable, el regreso en febrero del próximo año a la radio con una nueva propuesta cuya base será el tratamiento de las relaciones y los vínculos denominado: no sos vos, soy yo, y un largo viaje que emprendo el próximo lunes 1 recorriendo provincias y países que siempre quise conocer.
Quienes me conocen saben que uno de mis dichos favoritos es: todo lo que viene siempre es mejor..Una frase que encierra sabiduría para dejar en el pasado lo que debe estar allí, y una mirada esperanzadora por lo que aún no ha sucedido..Esto no implica entrar en el absurdo de decir que todo lo pasado fue peor; simplemente hubo cosas que no se pudieron cumplir. Hay una manía instalada sobre todo en las escuelas que quiere desterrar al fracaso, la frustración si una meta no se logra: qué tremendo error, toda vez que desde ese lugar siempre se vuelve y con el cúmulo de enseñanzas que nos deja no haber podido.
Una amiga suele decirme: lo contrario al amor no es odio sino el miedo. Mi conciencia está tranquila en ese sentido: el miedo nunca fue un compañero de viaje.
Resistir al cambio por los miedos está instalado en nuestra sociedad desde hace años; habrá que trabajar para que deje el espacio al amor y la fraternidad que nos merecemos: único camino creo para saldar deudas afectivas y sociales.
Un mundo mejor es posible se escuchó decir al gran soñador..Mis deseos que juntos – sin mesías – podamos construirlo.

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